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Tiempos de escasez: a prepararse para un futuro con restricciones energéticas

ANN ARBOR—A cierta altura en este siglo la era de energía abundante y barata llegará a su fin y la civilización industrial probablemente iniciará un largo y lento descenso hacia un futuro con recursos limitados caracterizado por la “austeridad involuntaria”.

Ése es el panorama descrito por el psicólogo ambientalista de la UM, Raymond De Young, quien argumenta en un nuevo artículo que los científicos de la conducta deberían empezar a preparar desde ya el público para este “descenso energético” que él define como una constricción de los suministros de energía acompañada por “un persistente achicamiento” a una nueva norma de consumo reducido.

De Young describe el descenso energético y el papel de los científicos de la conducta en la edición de noviembre de la revista Frontiers in Psychology.

Hacia fines del siglo las actividades cotidianas necesitarán consumir casi un orden de magnitud menos energía y materiales que los usados actualmente, dijo De Young, profesor asociado de conducta de la conservación en la Escuela de Recursos Naturales y Ambiente de la UM.

Muchos estadounidenses probablemente vivirán en casas más pequeñas que contengan mucho menos artículos de consumo y conveniencias modernas, según De Young. Los viajes aéreos y la propiedad de automóviles podrían estar fuera del alcance de muchos debido, en gran medida, a la menor disponibilidad de combustibles. Los días de electricidad barata y constante obtenida de las redes probablemente habrán terminado, y aumentará la dependencia de los alimentos producidos localmente, añadió.

“Francamente es posible que los miembros de las sociedades occidentales no puedan mantener algo siquiera parecido a los patrones de vida contemporánea dentro de este nuevo contexto biofísico”, dijo.

Si bien el futuro con recursos limitados será más austero será posible que la gente “viva bien dentro de los límites ecológicos”, argumentó De Young. De hecho el cambio podría brindar una oportunidad para que la gente “restablezca el contacto con la naturaleza y con otras personas de manera que se obtenga un bienestar duradero”.

Aunque los precios de la gasolina han caído por debajo de los 3 dólares por galón (79 centavos de dólar por litro) en muchas partes del país, y la extracción de petróleo y gas natural es pujante, éstas son tendencias de corto plazo si se las considera desde la perspectiva de una transición en varias décadas, dijo De Young.

Las reservas de hidrocarburos en el planeta siempre han sido limitadas y el crecimiento continuo en el uso de estos recursos es insostenible. Aunque se seguirá extrayendo combustibles fósiles de la corteza de la Tierra por muchos años, el volumen disponible para la sociedad en el tiempo disminuirá lentamente, añadió.

La tasa global de producción de combustibles fósiles líquidos podría empezar pronto –o ya ha empezado—a estabilizarse y luego encaminarse a un descenso lento, y otros combustibles y materiales pronto seguirán la misma pauta, dijo.

“Entonces la civilización industrial, que ya ha saqueado el planeta de nuevos recursos, experimentará límites biofísicos como un viento de frente contra el dual deberá laborar”, dijo De Young. Por límite biofísico De Young se refiere a la capacidad de la naturaleza —incluidos los ecosistemas de la Tierra y sus formaciones geológicas— para proveer los recursos y servicios a la humanidad.

A medida que haya menos energía disponible para todo tipo de usos, incluida la innovación tecnológica, podría escaparse la oportunidad para el desarrollo de fuentes alternativas de energía que sustituyan a los combustibles fósiles. Si esa ventana se cierra la tecnología “podría ayudar en la transición social pero no eliminará la necesidad de tal transición”, añadió De Young.

La vida cotidiana en las naciones industrializadas cambiará repetidamente hacia formas más simples cuando la gente esté forzada a consumir menos de, prácticamente, todo lo que necesitan. Es probable que los trastornos climáticos y la inestabilidad geopolítica compliquen la situación.

“Una existencia con consumo reducido puede transformarse en la norma común no porque la conducta de conservación haya sido elegida voluntariamente por la gente o porque la hayan iniciado los científicos de la conducta, sino porque, simplemente, no habrá otra opción”, dijo De Young.

Dado que ha ignorado muchas oportunidades de adoptar la austeridad voluntariamente la sociedad industrial podría encarar la austeridad involuntaria, dijo.

“Esto no es de forma alguna lo que pronostica la mitología popular de un apocalipsis energético”, añadió. “No tiene ese motivo al estilo Hollywood de colapso repentino y catastrófico. Es más probable que el cambio emerja lentamente a lo largo de muchas décadas, un persistente descenso paso a paso hacia una nueva norma”.

La tarea de los científicos de la conducta será “ayudar a que la gente lidie con la realidad de que la vida cotidiana podría, pronto, diferir sustancialmente de las expectativas convencionales, y ayudarles a imaginar una alternativa a su relación actual con los recursos”, dijo De Young.

Los científicos de la conducta y los grupos comunitarios pueden ayudar familiarizando a la gente con anticipación acerca de la transición que se aproxima, de maneras que no asusten o abrumen. También pueden alentar pequeños experimentos sociales voluntarios para una vida más austera, como los crecientes movimientos Ecovillage y Transition Town, que sirvan como modelos para quienes inicialmente se resistan a los cambios que se avecinan.

“La meta es compartir historias que demuestren honestamente la vida en un descenso energético prolongado e involuntario y que lo hagan d forma que la gente anhele la experiencia lo suficiente como para buscarla ahora”, dijo De Young.

El articulo en Psychology Frontiers se titula “Some behavioral aspects of energy descent: How a biophysical psychology might help people transition through the lean times ahead”.

 

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