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Tendencias recientes en discapacidad: ancianos más viejos mejoran, pero los que se aproximan a la ancianidad están peor

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30 Octubre 2012

Las tendencias más recientes en la discapacidad: los ancianos más viejos mejoran pero los que se aproximan a la ancianidad están peor

ANN ARBOR, Michigan.— Los ancianos de edad más avanzada están bastante mejor y quienes se aproximan a la ancianidad están peor. Sin embargo, las personas en Estadsos Unidos con edades entre los 65 y 84 años experimentan aproximadamente el mismo nivel de discapacidad que encaraban al comienzo del siglo XXI. Éstas son las conclusiones clave de un nuevo estudio de las tendencias de las limitaciones a las actividades en la edad avanzada que armoniza las conclusiones de cinco encuestas independientes nacionales que cubrieron a más de 40.000 personas.

El estudio, financiado por el Instituto Nacional de la Vejez, se publicó esta semana en internet en la revista de revisión por pares Demography. Conducido por un equipo de investigadores de varias universidades y grupos de estudio de EE.UU. el informe contiene el análisis más integral hasta la fecha de cuán bien las personas de más edad en Estados Unidos pueden llevar a cabo sus tareas cotidianas de manera independiente.

“Ha surgido un nuevo modelo en los patrones de las distintas edades”  dice Vicki Freedman, demógrafa de la Universidad de Michigan y autora principal del estudio. “Encontramos, esencialmente, tendencias que no se han modificado en el grupo de 65 a 84 años de edad, contenidas entre los incrementos entre la población con edades de 55 a 64, y disminuciones entre quienes son mayores de 85 años”.

Las nuevas conclusiones son notables dado que difieren de las tendencias anteriores. Desde aproximadamente mediados de la década de 1980 y hasta 1999 el nivel de discapacidades descendió de manera sostenida para la población más anciana como un todo, según Freedman, pero en la última década esa tendencia se ha estancado.

“Nos sorprendió  ver que los miembros de la generación ‘boom’ (los nacidos entre 1946 y 1964) no están mejorando”, dijo Freedman. “Su nivel de discapacidad sigue siendo bajo cuando se les compara con las personas más ancianas, pero estuvo todo un punto porcentual más alto -cinco en lugar del cuatro por ciento- cuando se les compara con las personas de la misma edad hace diez años. Esto quizá no parezca un incremento importante, pero de hecho representa que hay unas 365.000 personas más que tienen dificultades o que no son capaces de llevar a cabo las actividades básicas del cuidado personal y las actividades que son centrales en una vida independiente. Será importante observar esta tendencia en el futuro debido al impacto que pueda tener sobre las familias y sobre los programas públicos de asistencia de la salud en Estados Unidos”.

Entre las actividades evaluadas en el análisis se cuentan las tareas cotidianas tales como ir de compras, la preparación de las comidas, el manejo del dinero, las llamadas telefónicas, el baño, el vestirse y caminar.

Si bien el estudio no evaluó las razones para estos incrementos, Freedman señaló  que otros han encontrado que las crecientes tasas de obesidad y los riesgos de salud que la acompañan entre los adultos mayores podrían ser parte de las causas del incremento.

Las razones que subyacen en la disminución continuada de las discapacidades entre las personas mayores de 85 años tampoco son del todo claras, agregó.

“Antes habíamos encontrado mejorías en una amplia gama de condiciones de salud, incluida la condición cardiaca, problemas músculo esqueletales y problemas de la visión. Ésta última estaba vinculada a incrementos en la cirugía para las cataratas. También pueden ser un elemento el uso más generalizado de la tecnología de asistencia y los cambios ambientales que permiten que las personas funcionen independientemente por más tiempo”, explicó.

Freedman y sus colegas continúan observando estas tendencias mediante la Red de Tendencias de Discapacidad en el Centro Michigan para la Demografía de la Vejez, parte del Instituto de Investigación Social (ISR). La financiación para esta investigación provino de una concesión del Instituto Nacional de la Vejez (P30-AG012846).

 

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