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Araguatos pueden enseñarnos sobre el papel del entrecruzamiento de especies en la evolución humana

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7 Diciembre 2012

 

 

ANN ARBOR, Michigan.— ¿Hubo entrecruzamiento de diferentes especies tempranas de humanos que produjeron crías de ascendencias mixtas?

Estudios genéticos recientes indican que los Neardenthal pueden haberse cruzado con humanos anatómicamente modernos hace decenas de miles de años en el Oriente Medio, contribuyendo al genoma de los humanos modernos. Pero esas conclusiones no se aceptan universalmente y los registros fósiles no han ayudado a esclarecer el papel que haya tenido el entrecruzamiento, conocido también como hibridación.

Ahora un estudio encabezado por la Universidad de Michigan sobre el entrecruzamiento de dos especies modernas de monos aulladores en México arroja luz sobre por qué es tan difícil confirmar las instancias de hibridación entre los primates, incluidos los humanos tempranos, apoyándose en los restos fósiles

(NT: Los Alouatta o monos aulladores conocidos también como araguatos, saraguatos  o cotos, son un género de primates platirrinos que viven en la zona tropical americana desde el sur de México al norte de Argentina).

El estudio, publicado hoy en Internet en la revista American Journal of Physical Anthropology, se sustenta en el análisis de los datos genéticos y morfológicos de monos capturados vivos a lo largo de la última década. Morfología es la rama de la biología que estudia la forma y estructura de los animales y las plantas.

Las dos especies de primates en el estudio –mono aullador de manto (Alouatta palliata que se encuentra desde el sureste de México hasta la región del Pacífico de Colombia, Ecuador y el norte de Perú) y el mono aullador negro (Alouatta pigra, con distribución restringida en la peninsula de Yucatán en México, Belice y parte de Guatemala)- se diferenciaron hace unos tres millones de años y son distintas en muchos aspectos incluido el comportamiento, la apariencia y el número de cromosomas que poseen. Cada una de ellas ocupa una distribución geográfica única excepto en el estado de Tabasco, en el sudeste de México, donde coexisten y se entrecruzan en lo que se conoce como una zona híbrida.

Los investigadores encontraron que los individuos de ancestro mestizo,que comparten la mayor parte de su genoma con una de las dos especies, no se distinguen físicamente de los individuos puros de tal especie.

“Las implicaciones de estos resultados es son que las características físicas no son siempre confiables para la identificación de individuos con ancestro híbrido”, dijo Liliana Cortés Ortiz, una bióloga evolucionaria y primatóloga, y científica investigadora asistente en el Departamento d Ecología y Biología Evolucionaria y el Museo de Zoología de la Universidad de Michigan. “Por lo tanto es posible que la hibridación se haya subestimado en el registro fósil humano”.

La autora primera del estudio es Mary Kelaita, una becaria de post doctorado en el Departamento de Antropología de la Universidad de Texas, en San Antonio. El estudio de los monos aulladores fue parte de la disertación doctoral de Kelaita en el Departamento de Antropología de la UM.

Durante años los antropólogos han intentado inferir la hibridación entre las especies ancestrales de los humanos sobre la base del registro fósil que representa sólo una “toma instantánea” de la prehistoria, y han concluido que la hibridación es extremadamente rara, según Kelaita y Cortés Ortiz. Dada la utilidad de los modelos de primates vivos para entender la evolución humana, el estudio del mono aullador “indica que la ausencia de pruebas firmes de hibridación en el registro de fósiles no niega el papel que ella pueda haber jugado en la conformación de diversidad en el linaje temprano de los humanos”, dijo Kelaita.

Las autoras concluyen que el proceso de hibridación (definido como la producción de crías mediante el apareamiento de individuos de poblaciones genéticamente distintas), los factores que determinan la expresión de morfología en los individuos híbridos, y el grado de aislamiento reproductivo entre las especies deberían recibir más consideración en futuros proyectos de investigación.

En su estudio Kelaita y Cortés Ortiz analizaron diferentes tipos de maradores genéticos, desde el mitocondrio y el ácido desoxirribonucleico  nuclear (ADN) a trazas del ancestro de cada mono aullador investigado. El uso de marcadores moleculares hizo posible determinar aproximadamente las contribuciones genéticas relativas de las especies parientes en cada híbrido.

Se detectaron 128 individuos híbridos. Kelaita y Cortés Ortiz encontraron que la mayoría era, probablemente, el producto de varias generaciones de hibridación o del apareamiento entre individuos híbridos y puros.

Posteriormente las investigadoras llevaron a cabo análisis estadísticos de mediciones del cuerpo y encontraron un alto grado de variación morfológica en los individuos de ancestro mestizo. Sin embargo, cuando los individuos se clasificaron de acuerdo con la proporción de su genoma compartido con cada especie pariente, quedó en claro que los individuos de ancestro mestizo que compartían la mayor parte de su genoma con una de las especies pariente no se distinguían, físicamente, de los individuos puros de tal especie. Aún los individuos que eran más “intermedios” en su composición genética no eran completamente intermedios en su apariencia.

El estudio es el primero que evaluó el ancestro genético de los primates híbridos que habitan una zona natural de hibridación usando los datos moleculares para explicar la variación morfológica.

Entre 1998 y 2008 las investigadoras estudiaron 135 monos aulladores adultos de Tabasco (México) junto con otros 76 de los Estados de Veracruz, Campeche, Chiapas y Quintana Roo en México, y el Petén en Guatemala. El equipo de terreno recolectó muestras de sangre y cabello y mediciones morfométricas de los animales anestesiados antes de liberarlos en los mismos sitios. La colección de muestras de monos silvestres se llevó a cabo de acuerdo con el protocolo #09319 del Comité de la Universidad de Michigan sobre el Uso y Cuidado de Animales, y en colaboración con investigadores de la Universidad Veracruzana de México.

Se tomó el peso de los animales, y se midieron 16 partes de sus cuerpos: longitud del tronco, la cola, la pierna, el pie, el brazo y la mano; circunferencia del pecho y el abdomen; circunferencia y ancho de la cabeza; longitud de la cabeza, la mandíbula y la oreja; distancia interorbital; distancia internasal, y volumen testicular.

Los monos aulladores se cuentan entre los monos más grandes de las Américas y algunos de ellos pesan hasta 10 kilogramos. Actualmente se reconocen catorce especies de monos aulladores, que habitan las junglas en América Central, América del Sur y el sudeste de México.

El estudio tuvo el apoyo de concesiones de la Fundación Nacional de ciencias, POMEP-UVER México, la Universidad Veracruzana, y la Oficina de la Vice Presidencia para Investigación, el Museo de Zoología, el Departamento de Antropología y la Escuela Rackham de Graduados de la Universidad de Michigan.

 

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