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Vaticinan récord de”zona muerta” en el golfo de México y área sin oxígeno en la Bahía de Chesapeake

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ANN ARBOR, Michigan.— Se espera que las inundaciones primaverales en el Medio Oeste contribuyan a una “zona muerta” muy grande y, potencialmente, récord en el Golfo de México en 2013, según un ecólogo de la Universidad de Michigan y sus colegas que divulgaron hoy su pronóstico junto con el de la Bahía de Chesapeake.

El pronóstico para el Golfo, uno de los dos anunciados por la Administración Nacional de Océanos y Atmósfera (NOAA por su sigla en inglés), anuncia una región privada de oxígeno, o hipóxica, de entre 18.900 a 22.170 kilómetros cuadrados, con lo cual se ubicaría entre las diez más grandes registradas.

El cálculo más bajo en el pronóstico está bien por encima del promedio de largo plazo y equivaldría, aproximadamente al tamaño de Connecticut, Rhode Island y el Distrito de Columbia combinados. El cálculo más alto excedería la mayor zona hasta ahora registrada (21.900 kilómetros cuadrados en 2002) con un tamaño semejante al de New Jersey.

El drenaje de las tierras de agricultura que contiene fertilizantes y desechos del ganado, en parte desde distancias tan grandes como la Franja del Maíz, es la fuente principal del nitrógeno y el fósforo que causa la zona hipóxica anual en el Golfo de México. En sus planes de acción para 2001 y 2008 la Fuerza de Tareas sobre Nutrientes en la cuenca hídrica del Río Mississippi y el golfo de México, una coalición de agencias federales, estatales y tribales, fijó la meta de reducir la extensión promedio quinquenal de drenaje de la zona hipóxica del Golfo a 5.000 kilómetros cuadrados para el año 2015.

Es muy poco lo que se ha avanzado hacia esa meta. Desde 1995 la zona muerta del Golfo ha tenido un promedio de 15.400 kilómetros cuadrados, un área aproximada a la de Connecticut.

“El tamaño de la zona muerta del Golfo crece y disminuye dependiendo de los patrones meteorológicos particulares de cada año. Pero lo más importante es que jamás alcanzaremos la meta del plan de acción de 5.000 kilómetros cuadrados hasta que se apliquen acciones más serias para reducir la pérdida de fertilizantes del Medio Oeste hacia el sistema del Río Mississippi, sean cuales sean las condiciones meteorológicas”, dijo el ecólogo acuático de la UM, Donald Scavia, director del Instituto Graham de Sostenibilidad que contribuye a los pronósticos tanto del Golfo como de la Bahía de Chesapeake.

El pronóstico de este año para la Bahía de Chesapeake prevé una zona muerta más pequeña que el promedio en el estuario más grande del país. El pronóstico de Scavia y los investigadores de la Universidad de Maryland tiene tres partes: un pronóstico para el volumen de la zona con bajo contenido de oxígeno a mitad del verano, uno para la zona anóxica o sin oxígeno a mediados del verano, y un tercero que es un valor promedio para toda la temporada veraniega.

El pronóstico calcula una zona hipóxica a mediados del verano de 6 kilómetros cúbicos, una zona anóxica a mediados de verano de 1,08 a 1,6 kilómetros cúbicos, y una zona de hipoxia promedio de 4,6 kilómetros cúbicos, todas en el segmento más bajo de las zonas muertas antes registradas.  El año pasado la zona hipóxica a mediados de verano fue de 6 kilómetros cúbicos. Debido a que gran parte del estuario tiene poca profundidad el pronóstico atiende al volumen de agua expresado en kilómetros cúbicos en lugar del área de superficie en kilómetros cuadrados.

El pronóstico anual para el Golfo lo preparan investigadores de la UM, de la Universidad estatal de Louisiana y el Consorcio de Universidades Marinas de Louisiana. El pronóstico para la Bahía lo preparan la UM y el Centro de Ciencias Ambientales de la Universidad de Maryland. Ambos estudios los financia NOAA.

Los pronósticos se apoyan en la información sobre drenaje de nutrientes y ríos y arroyos del Servicio Geológico de Estados Unidos que se ingresa en modelos por computadora desarrollados con financiación de los Centros Nacionales para Ciencia de Costa Oceánica de NOAA.

“La vigilancia de la salud y vitalidad de los océanos, vías de agua y cuencas hídricas de nuestra nación es crucial en el trabajo para preservar y proteger los ecosistemas costeros”, dijo Kathryn D. Sullivan, subsecretaria interina de Comercio para océanos y atmósfera y administradora interina de NOAA. “Estos pronósticos ecológicos son buenos ejemplos de los productos de información ambiental crítica y las herramientas que ayudan a formar una costa más saludable, inextricablemente vinculada con la vitalidad de nuestras comunidades y medios de vida”.

Esta primavera hubo inundaciones en gran parte del Medio Oeste. Varios estados, incluidos Minnesota, Wisconsin, Illinois y Iowa tuvieron temporadas primaverales que se cuentan entre las diez más mojadas en los registros. Iowa tuvo la primavera más llovida que se haya registrado con precipitación de casi 450 milímetros, según el Centro Nacional de Datos Climáticos.

El derrame rico en nutriente de estos Estados agropecuarios termina en el Río Mississippi y, eventualmente, llega al Golfo. La cantidad de nitrógeno que entra cada primavera al Golfo de México ha crecido en casi un 300 por ciento desde la década de 1960, debido principalmente al mayor drenaje agropecuario.

Según los cálculos del Servicio Geológico de EE.UU, unas 153.000 toneladas de nutrientes fluyeron por los ríos Misissippi y Atchafalaya al norte del Golfo en mayo de 2013, un incremento de 94.900 toneladas sobre el drenaje de 58.100 toneladas el año pasado reducido por las sequías. El aporte de 2013 es un 16 por ciento más alto que la carga promedio de nutrientes calculada sobre los pasados treinta y cuatro años.

En el Golfo y en la Bahía las aguas con alto contenido de nutrientes estimulan la proliferación explosiva de algas. Cuando las algas mueren y se hunden las bacterias que viven en el fondo descomponen la materia orgánica y, en el proceso, consumen oxígeno. El resultado es una región con bajo contenido de oxígeno (hipóxica) o sin oxígeno (anóxica) en las aguas del fondo y las cercanas al fondo: la zona muerta.

Los peces y moluscos abandonan las aguas privadas de oxígeno, o mueren, con resultado de pérdidas para la pesca comercial y deportiva. En el Golfo el valor en muelle de la pesca comercial fue de 629 millones de dólares en 2009, y casi tres millones de pescadores aficionados contribuyeron más de 1.000 millones de dólares a la economía de la región.

Las zonas muertas de la Bahía de Chesapeake, que han sido muy variables en años recientes, amenazan un esfuerzo de muchos años para restaurar la calidad del agua de la bahía y para realzar su producción de cangrejo, ostra y otros productos de pesca. El Servicio Geológico calcula que unas 36.600 toneladas de nitrógeno entraron al estuario desde los ríos Susquehanna y Potomac entre enero y mayo, lo cual es un 30 por ciento por debajo de las cargas promedio calculadas entre 1990 y 2013.

La medición final para la Bahía de Chesapeake se divulgará en octubre después de análisis del Departamento de Recursos Naturales de Maryland y el Departamento de Calidad Ambiental de Virginia.

El pronóstico de 2013 para el Golfo se apoya en la presunción de que no habrá tormentas tropicales en las dos semanas precedentes o durante la travesía oficial de medición entre el 25 de julio y el 3 de agosto. Si ocurriese una tormenta, el cálculo del tamaño podría disminuir a13840 kilómetros cuadrados, un poco menor que el Estado de Connecticut.

La zona muerta del Golfo el año pasado fue la cuarta más pequeña registrada, debido a las condiciones de squía, y cubrió unos 7.500 kilómetros cuadrados, un área un poco menor que la de Delaware.

Contacto (inglés):
Jim Erickson
Teléfono: (734) 647-1842