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Cuando ocurre el rechazo social, el cerebro libera analgésicos naturales

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El descubrimiento de que el sistema opioide puede actuar para el alivio de las penurias sociales, no sólo del dolor físico, podría ayudar a entender la depresión y la ansiedad social

 

ANN ARBOR, Michigan.— Un verso infantil popular dice que “las piedras y los palos pueden quebrar mis huesos, pero las palabras no me lastimarán”, y supuestamente ayuda a que los niños soporten las burlas y provocaciones de sus pares. Pero un nuevo estudio indica que es mucho lo que ocurre dentro de nuestros cerebros cuando encaramos el rechazo social, y que el cerebro puede tener sus propios medios para aliviar la penuria social.

Las conclusiones, publicadas recientemente en Molecular Psychiatry por un equipo de la Escuela de Medicina de la Universidad de Michigan, muestra que el sistema de analgésicos naturales del cerebro responde al rechazo social y no sólo a las lesiones físicas.

Es más: las personas con alto puntaje en un rasgo de personalidad llamado resiliencia -la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas- mostraron niveles más altos de activación de los analgésicos naturales.

El equipo, situado en el Instituto de Neurociencia Molecular y de Conducta de la UM, usó un enfoque innovador para llegar a sus conclusiones. Los investigadores combinaron el escaneo cerebral avanzado, que puede rastrear la liberación de compuestos químicos en el cerebro, con un modelo de rechazo social sustentado en las citas románticas concertadas por internet. El trabajo lo financiaron el Centro de Depresión de la UM, el Instituto Michigan para la Investigación Clínica y de Salud, la Fundación de Investigación de Cerebro y Conducta, la Fundación Phil F. Jenkins, y los Institutos Nacionales de Salud.

Los científicos centraron su atención en el sistema receptor de opioides mu en el cereebro -el mismo sistema que el equipo ha estudiado durante años en relación con la respuesta al dolor físico. Por más de una década el trabajo en la UM ha mostrado que cuando una persona siente dolor físico su cerebro libera compuestos químicos, llamados opioides, en el espacio entre las neuronas atenuando las señales del dolor.

David T. Hsu, el autor primero del nuevo artículo, dijo que la nueva investigación sobre el rechazo social surgió de estudios recientes realizados por otros investigadores y que sugieren que las sendas que se activan en el cerebro durante el dolor físico y el sufrimiento social son similares.

“Éste es el primer estudio que observó adentro del cerebro humano y encontró que el sistema opioide se activa durante el rechazo social”, dijo Hsu, profesor investigador asistente de psiquiatría. “En general se sabía que los opioides se liberan durante las situaciones de angustia social y aislamiento en los animales, pero hasta ahora no se había demostrado que eso ocurriera en el cerebro humano”.

El estudio involucró  a dieciocho adultos a quienes se pidió que observaran fotografías y perfiles personales ficticios de cientos de otros adultos. Cada una de las personas seleccionó algunos perfiles de quienes podrían interesarle más románticamente, una situación similar a las citas románticas por internet.

Pero luego, cuando los participantes yacían en una máquina de toma de imágenes cerebrales llamada escáner PET, se les informó que los individuos que ellas habían encontrado más atractivos e interesantes no estaban interesados en ellas.

Las imágenes de escaner durante estos momentos mostraron la liberación de opioides, medida con la observación de la disponibilidad de receptores de opioides mu en las células cerebrales. El efecto fue mayor en las regiones del cerebro llamadas parte central del cuerpo estriado, la amígdala, el tálamo medio, y la sustancia gris central, áreas también conocidas por su activación en el dolor físico.

De hecho los investigadores se habían asegurado de que los participantes entendieran, con anticipación, que los perfiles para “citas” no eran reales y tampoco era real el “rechazo”. Pero, de todos modos, el rechazo social simulado fue suficiente como para causar una respuesta emocional y una respuesta de opioides.

Las diferencias en el padecimiento

Hsu señaló que la personalidad subyacente de los participantes al parecer juega un papel en cuánto responde su sistema de opioides.

“Los individuos con altos puntajes en el rasgo de resiliencia en el cuestionario de personalidad tendieron a ser capaces de más liberación de opioides durante el rechazo social, especialmente en la amígdala” una región del cerebro involucrada en el procesamiento emocional, apuntó Hsu. “Esto indica que la liberación de opioides en esta estructura durante el rechazo social puede ser por protección o por adaptación”.

Cuanto mayor fue la liberación de opioides durante el rechazo social en otra área del cerebro llamado córtex del cíngulo anterior, menor fue el mal humor del cual dieron cuenta los participantes cuando recibieron la noticia de que habían sido rechazados.

Los investigadores analizaron, asimismo, qué ocurría cuando a los participantes se les dijo que alguien en quien ellos habían expresado interés expresaba interés en ellos, es decir la aceptación social. En ese caso algunas regiones cerebrales también tuvieron más liberación de opioides.

“Se sabe que el sistema de opioides desempeña un papel en la reducción del dolor y en la promoción del placer, y nuestro estudio muestra que esto también sucede en el contexto social”, dijo Hsu.

La nueva investigación implica más importancia que el mero descubrimiento, apuntan los autores entre quienes se incluye el autor senior Jon Kar Zubieta, quien ha investigado los opioides por largo tiempo. Específicamente los científicos continúan las investigaciones sobre la forma en que las personas vulnerables a la depresión, o que sufren depresión o ansiedad social, tienen una respuesta anormal de opioides al rechazo o la aceptación social.

“Es posible que las personas con depresión o ansiedad social sean menos capaces de liberar opioides durante los momentos de estrés social y, por lo tanto, no se recuperan tan rápida o plenamente de una experiencia social negativa”, sugirió Hsu. “De la misma manera, es posible que estos individuos tengan menos liberación de opioides durante las interacciones sociales positivas y, por lo tanto, no se benefician tanto del apoyo social”.

Hsu también señaló  que quizá nuevos medicamentos opioides que no tengan el potencial de tornarse adictivos podrían ser eficaces para el tratamiento de la depresión y la ansiedad social. Aunque tales medicamentos no están disponibles ahora, agregó, “nuestro estudio indica que podría haber oportunidades significativas para vincular la investigación en el tratamiento del dolor crónico con el tratamiento de trastornos psiquiátricos”.

Al menos el saber que nuestra respuesta a un menosprecio social no es algo que “está sólo en tu cabeza” puede ayudar a que algunas personas entiendan sus respuestas y lidien mejor con las situaciones, señaló Hsu. “El conocimiento de que hay químicos en nuestro cerebro que trabajan para que nos sintamos mejor después de que nos rechazan, es confortante”.

Contacto (inglés):
Kara Gavin
Teléfono: (734) 764-2220