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Las avispas del papel castigan a sus pares que exageran su poderío

ANN ARBOR, Michigan.— El alardear de la capacidad para luchar puede parecer una estrategia buena para un timorato que quiere lucirse como valentón pero, en las sociedades de las avispas del papel, tal engaño se desalienta mediante castigos, según indican los experimentos llevados a cabo en la Universidad de Michigan. La investigación de las biólogas de evolución Elizabeth Tibbetts y Amanda Izzo se publicará en la edición del 19 de agosto de la revista Current Biology.

En lugar de desperdiciar energías combatiendo constantemente con sus rivales muchos animales usan señales que, de hecho, indican: “No te metas conmigo, puedo darte una paliza”. Pero ¿qué impide que un enclenque salga ganando de la confrontación si anuncia, falsamente, su fortaleza?

Una explicación de por qué esto no ocurre a menudo es que a quienes dan señales falsas se les castiga por sus trampas. Pero para que a los mentirosos se les castigue primero hay que detectar el engaño. ¿Cómo sabe un animal que su rival engaña, y qué gana castigando al mentiroso? Éstas fueron las preguntas que Tibbetts e Izzo se propusieron explorar y para su investigación usaron la avispa del papel Polistes dominulus, una especie ampliamente extendida que hace sus nidos en los alerones de las casas en todo Estados Unidos y Europa.

Las colonias de Polistes las fundan hembras que tienen competencias agresivas para determinar quién mandará en el nido. El patrón de diseño facial de una avispa determinada es un indicador de su capacidad para la lucha: las avispas dominantes tienen patrones de diseño facial más fragmentado que las avispas subordinadas, y las avispas usan esos patrones para tomar la medida de los extraños antes de interactuar.

“Es la versión animal del cinturón de karate”, dijo Tibbetts, una profesora asistente de ecología y biología de evolución.

En sus experimentos Tibbets y la estudiante graduada Izzo alteraron los patrones faciales de algunas avispas con pintura para hacer que las debiluchas parecieran rufianes con lo cual crearon una combinación incoherente de apariencia y comportamiento. Con otro grupo de avispas las investigadoras no alteraron los patrones faciales pero convirtieron a las melifluas en guerras tratándolas con una hormona que promueve el comportamiento agresivo. Una vez más, el resultado fue una combinación incoherente: las avispas lucían como timoratas pero eran buenas combatientes.

Y con un tercer grupo las investigadoras alteraron los rostros y el comportamiento, de manera que lucían y actuaban como individuos fuertes.

A cada avispa se la puso junto con una rival no alterada y que no habían conocido antes, y las investigadoras observaron sus interacciones durante dos horas. Los resultados fueron claros: las avispas con una combinación incoherente de señal facial y capacidad de lucha fueron castigadas, y rara vez alguna avispa molestó a aquellas cuyas señales y comportamiento eran coherentes.

Algo interesante fue que el tipo de castigo resultó diferente de acuerdo con el tipo de incoherencia.

Las avispas que lucían fuertes pero actuaban como enclenques fueron tratadas de manera más agresiva por las rivales que las avispas en los otros grupos. Las avispas que lucían debiluchas pero actuaban de manera enérgica, por otro lado, experimentaron poca agresión abierta pero sus rivales se negaron a someterse a ellas.

“Es decir, también para éstas hubo un costo”, dijo Tibbetts. “Tuvieron problemas para dominar a sus rivales”.

Las avispas a las cuales se les alteró artificialmente la señal facial y el comportamiento de lucha para darles un aspecto y un comportamiento más fuerte que los que tenían originalmente no sufrieron alguno de los reveses, lo cual confirma la conclusión de que es la incoherencia entre la señal y el comportamiento lo que causa el castigo.

En la naturaleza el patrón facial de la avispa hembra refleja su nivel hormonal (y su capacidad para la pelea) y los resultados experimentales indican que esta relación es esencial para que funcione el sistema de señales. Los resultados también proporcionan un entendimiento de la forma en que el castigo agresivo beneficia al individuo que da el castigo Cuando una avispa encuentra una rival que luce fuerte pero actúa débil el darle pelea es la manera de evaluar la verdadera naturaleza de la rival.

“Esto no sólo es costoso para el individuo que dio la señal equivocada sino que también beneficia al receptor de la señal permitiéndole alcanzar un status de dominio más alto que si hubiese confiado en la señal equivocada”, dijo Tibbetts. “De esta forma el simple interés propio puede producir un comportamiento que funciona como castigo social y mantiene la precisión de las señales a lo largo del tiempo en la evolución”.

Pero ¿cuál es el punto de tener señales si las rivales igual deben combatir para probar las verdaderas capacidades de cada una? Una explicación es que el comportamiento de la receptora depende del contexto. En las interacciones breves relacionadas con recursos de escaso valor, por ejemplo, es poco lo que pueda perderse confiando en las señales de una rival, sean éstas acertadas o no. Pero en lo que hace a las interacciones o confrontaciones de largo plazo sobre recursos valiosos, puede que haya beneficios en el desafío y la prueba de la veracidad de sus señales.

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