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Los genes incrementan el estrés de las desventajas sociales en algunos niños

ANN ARBOR, Michigan.— Los genes amplifican el estrés de entornos difíciles para algunos niños y magnifican las ventajas de los entornos que brindan sustento a otros niños, según un estudio que es uno de los primeros que ha documentado la forma en que los genes que interactúan con el ambiente social afectan los biomarcadores del estrés.

“Nuestras conclusiones indican que la arquitectura genética de un individuo modera la magnitud de la respuesta a los estímulos externos, pero es el ambiente el que determina la dirección”, dijo Colter Mitchell autor principal en el estudio e investigador en el Instituto de Investigación Social de la Universidad de Michigan.

El estudio, que se publica hoy en Proceedings of the National Academy of Sciences usa la longitud de los telómeros como un marcador del estrés. Los telómeros, que se encuentran en los extremos de los cromosomas, en general se acortan con la edad y cuando lo individuos están expuestos a la enfermedad y el estrés crónico, incluido el estrés de vivir en un ambiente desventajoso.

Mitchell y sus colegas usaron muestras de telómeros de un grupo de cuarenta varones de nueve años de edad en dos ambientes muy diferentes, uno favorable y estimulante el otro difícil. Los niños en el ambiente favorable provenían de familias estables, con padres y madres que daban apoyo y aliento, buena salud mental de la madre y condiciones socioeconómicas positivas. Los que provenían el ambiente difícil experimentaban altos niveles de pobreza, relaciones conflictivas con padre o madre, una salud mental deficiente de la madre y elevada inestabilidad familiar.

En los niños con alta sensibilidad en las sendas genéticas serotoenérgicas y dopaminérgicas en comparación con otros niños, la longitud de telómeros resultó más corta para los niños de ambientes problemáticos, y más larga para los que provenían en ambientes estimulantes. Las sendas serotonérgicas y dopaminérgicas son rutas neurales en el cerebro que transmiten, respectivamente, la serotonina y la dopamina.

La financiación para este estudio provino del Instituto nacional Eunice Kennedy Shriver de Salud Infantil y Desarrollo Humano, y del Instituto de Ciencia Clínica y Translacional de la Universidad estatal de Pennsylvania.