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Construyendo un edificio con conexión a la tierra que le rodea

Cómo un profesor de la U-M y 22 estudiantes construyeron un edificio de balas de paja

Pellston, Mich.– Sentadas alrededor de dos piscinas de plástico poco profundas, dos grupos de personas, en su mayoría mujeres, se disponen a trabajar. De la piscina sacan un terrón de arcilla, despedazándolo. Una de las mujeres, leyendo una receta escrita en una piedra, le agrega paja, arena y unos pocos puñados de brillantes escamas de mica antes de añadir agua a la mezcla.

Estudiantes preparan adobe que utilizarán para recubrir las paredes de paja en el edificio que construyeron en la Estación Biológica de la Universidad de Michigan.

Las horas son largas y el grupo lleva ahí varios días, rompiendo los terrones de arcilla y mezclándola. Para entretenerse, escuchan a un comediante haciendo chistes de Bill Clinton con un iPhone que han conectado vía bluetooth a un parlante. 

El contraste es sorprendente: Este grupo de estudiantes de pregrado de la Universidad de Michigan está utilizando técnicas de construcción muy antiguas para crear la primera estructura de fardos de paja fuera de la red en este rincón remoto en el norte de Michigan… mientras escuchan a un comediante bromear gracias a un computador de bolsillo que hacer rebotar ondas de radio a un parlante externo. 

Para hacer el adobe, los estudiantes utilizaron una receta que alguien escribió en una piedra.

Antes de la estructura haya sido completada, los estudiantes habrán pasado 130 horas haciendo alrededor de 65 lotes de adobe, que proporciona tres capas de protección para el edificio que en sí está hecho de fardos o balas de paja apiladas, con un marco de soporte de carga, sobre el cual se posa un techo de metal. Asentado en una colina con vistas al Lago Douglas en Estación Biológica de la Universidad de Michigan, es la primera incursión de la universidad en la construcción con fardos de paja, y la primera estructura construida por estudiantes en más de 100 años.

Construido por estudiantes

“He estado esperando enseñar una clase de construcción ecológica por mucho tiempo”, dijo Joe Trumpey, profesor asociado en el programa de medio ambiente de la Escuela de Arte y Diseño  Penny W. Stamps de la U-M. Trumpey, quien dirige la clase, diseñó y construyó su propia casa, una estructura de fardos de paja de 2.200 pies cuadrados en Grass Lake. Él y su familia viven en su totalidad fuera de la red, calentando su casa con madera, obteniendo su energía de paneles solares, y cultivando y criando animales para su alimentación.

“Mi casa y mi granja son la piedra angular de mi práctica creativa”, dijo Trumpey. “Lo que yo defiendo es el pensamiento regional de la arquitectura local, utilizando materiales locales, y poder utilizar la construcción natural para la adaptación al clima local.”

La clase se ofrece a través del programa conocido como PitE por sus siglas en inglés, y la clase está compuesta por estudiantes de la Escuela de Diseño Stamps, un estudiante de la Escuela de Política Pública Gerald R. Ford y un estudiante de la Escuela Taubman de Arquitectura y Urbanismo.

Trumpey y sus estudiantes comenzaron reuniéndose una vez por semana para una clase práctica de tres horas durante el semestre de invierno. Durante la primera parte del semestre, los estudiantes aprendieron la historia y el contexto de la construcción ecológica, así como diferentes tipos de construcción natural. Pero rápidamente se enfocaron en lo indispensable para construir su propio edificio.

Joe Trumpey utilizó su experiencia para diseñar la construcción del edificio de paja.

Inicialmente, Trumpey trabajó con el arquitecto Doug Farr, un alumno de la U-M y de la estación biológica de U-M cuya firma en Chicago se especializa en el diseño sostenible en las ciudades, para determinar qué podrían construir. Juntos, Farr y Trumpey diseñaron un edificio de 400 pies cuadrados con una galería. La estructura se calienta con una estufa de leña y se podría instalar calefacción en el piso, si se desea en el futuro. El edificio también está cableado para electricidad, alimentada por paneles solares fotovoltaicos, una adición financiada por PitE y Planeta Azul, una iniciativa de la U-M para dinamizar la sostenibilidad dentro de la universidad.

Usando los planes, Trumpey asignó a los estudiantes en grupos que se centraron en diferentes componentes del edificio. Había un grupo para los cimientos, otro para las paredes, otro de puertas y ventanas y un equipo para el techo. Los estudiantes en cada equipo tenían que estudiar cada sección, y determinar qué materiales requería cada sección para que Trumpey, usando esos datos, pusiera los orden de los materiales.

“A pesar de que es sólo un edificio de 400 pies cuadrados, que es un montón de cosas,” dijo Trumpey.

Construyendo edificio de balas de paja.

La mayoría de los materiales provinieron de un radio bastante pequeño. Aparte del metal y las vigas para el techo, y madera utilizada en la construcción, la mayoría de los materiales vinieron de Michigan.

La paja es de una granja cerca de la BioStation, y la arcilla provino de  cinco millas (3.1 kms) de la estación. La arena para el adobe vino del material excavado para la fundación. La piedra, arena y grava vinieron de Cheboygan, Michigan -a menos de 20 millas de distancia. Gran parte de la madera que soporta el techo del edificio fue rescatado del campus de Ann Arbor y preparado en la granja de Trumpey.

“Todo el mundo sabe que las maderas provienen de árboles, pero al tener a los estudiantes viendo eso, sintiéndola en sus manos mientras se está aserrando… estaban aplaudiendo, literalmente, estaban tan emocionados al ver las tablas,” dijo.

La visión de Trumpey para su clase coincidía con Knute Nadelhoffer, director de la estación biológica, a quien le gustaría ver a la estación convertida en carbono neutral.

Las conversaciones entre ambos llevaron a presentar una propuesta de curso. La estación recibió una tercera donación de la oficina del rector para incorporar nuevas clases que se centran en el aprendizaje basado en la acción para hacer frente a los retos globales. La estación aprobó la propuesta de Trumpey, proporcionando un presupuesto de $18.000 para el edificio, así como alojamiento y comida para los estudiantes durante su trabajo de un mes de duración.

Los estudiantes levantan el techo del edificio de paja.

Los estudiantes pasaron 31 días construyendo la estructura de paja. Pero a diferencia de la casa de los tres cerditos, esta estructura es sólida, con paredes de espesor de fardos de paja de 18 pulgadas, dos pulgadas de adobe yeso interior y otras dos pulgadas fuera, un piso de hormigón teñido rojo de terracota, y un techo de metal. El panel solar proveerá las necesidades de electricidad del edificio, y la plomería básica está en lugar si la estación biológica quiere completar esa instalación en el futuro.

El edificio proporcionará un lugar para que los científicos se encuentren, y un lugar para los estudiantes se reúnan. Pero sobre todo, el edificio es una lección de lo que los estudiantes pueden hacer en un mes y con un líder como Trumpey. 

Todo depende de la base

Resulta que un grupo decidido de estudiantes pueden lograr en un mes es bastante. La mayor preocupación de su preocupación era la transición de una clase a la semana a los 31 días de intensa interacción requeridos para terminar el edificio.

Inicialmente, los estudiantes sentados alrededor de las piscinas se quejaban de tener que empezar la clase tan temprano -a las 8:30 am- durante el invierno. Pero ninguno se quejó en este día en particular, a los 23 días de la construcción, cuando el trabajo se inició a las 7:30 de la mañana, como de costumbre en la BioStation.

“Todos estábamos un poco nerviosos de venir aquí y pasar tanto tiempo juntos,” dijo  Livvy Arau-McSweeney, 20, una estudiante de Stamps mientras mezcla arcilla.

Fogata y conversación para terminar un largo día.

Pero ahora, viéndolos reunidos alrededor de una piscina, nadie se imaginaría esas  preocupaciones. A veces, los hijos de uno de los investigadores vienen a ayudar a mezclar el adobe, y los estudiantes los reciben como uno más del equipo.

Cerca de allí, tres estudiantes trabajan en la armadura del techo.

“El trabajo físico es definitivamente un reto, pero la parte más crucial para hacer este trabajo es el lado de la relación”, dijo Maggie Lemak, 21, estudiante de Stamps. “Por suerte, nos integramos bastante bien como grupo sin realmente haber tenido vínculos durante el semestre de invierno.”

Los primeros días de trabajo terminó esos temores. El edificio de balas de paja necesitaba cimientos, que a su vez requería excavación.

“Hicimos una gran cantidad de trabajo de formación de equipos con todo el trabajo de excavación de trincheras y cosas por el estilo”, dijo Fiona Tien, 20, de Stamps. principales. “Sólo el estar juntos y ayudándonos entre nosotros de una manera tan simple realmente ayudó.”

Un estudiante cubre la construcción para proteger la paja de la lluvia.

Compartiendo la camiseta

Si sigues series de construcción o diseño en TV, reconocerías una cara familiar en los estudiantes, que tomaron turnos para usar la playera con una foto Bob Ross –un profesor de arte en TV que ha sido adoptado por los ‘nerds’. Lian Wardrop y Livvy Arau-McSweeney estaban buscando aperitivos en Walmart cuando decidieron hacer algo como en la película “Cuatro amigas y un pantalón”, en que cuatro amigas comparten un pantalón y comparten sus aventuras durante el verano.

“Empezamos a rotar la camisa de forma anónima”, dijo Arau-McSweeney. “Dejas la camiseta afuera de la puerta de alguien y una nota con un mensaje como si Bob estuviera hablando “hoy te toca ponerte la playera”.

En Bob, reconocieron su profesor.

“Llamamos a Joe el Bob Ross de fardos de pajas.”

A veces Bob está salpicado de adobe. La mayoría de las veces, Bob está sucio, ¿cuál es el punto de lavar la camisa, otro estudiante señala, si cada día que se ensucia de nuevo?. A veces, incluso Trumpey lleva a Bob.

 Parte de la cercanía de la clase era la buena disposición para hablar de cualquier tema, esperado o inesperado. Los estudiantes están en la cúspide de una generación en la que puede que no sea una sorpresa que un grupo de gente que construye una casa consista en su mayoría de mujeres.

Construyendo edificio de balas de paja

Desde el principio, los estudiantes tuvieron conversaciones para asegurarse de que todo el mundo tuviera la oportunidad de probar diferentes tipos de trabajo, dijo Tegwyn John, 22, PITE, añadiendo que durante sus años de robótica en la secundaria se sintió desplazada a segundo lugar cuando se trataba de tener experiencias prácticas con su equipo de robótica.

“Creo que ha sido muy bueno trabajar con este grupo, en particular con los chicos, porque son muy conscientes de cómo están interactuando con nosotros, y de asegurarse de que no están haciendo suposiciones sobre lo que podemos hacer y no pueden hacer,” dijo.

Construyendo edificio de balas de paja.

Tegwyn John, quien acababa de tallar diseños de trigo y bellotas en una de las vigas decorativas añadiendo que encontró fuerza en el gran número de mujeres del grupo -20 a 5 hombres, incluyendo el profesor.

Detalles del tallado.

“Simplemente no hay suficientes chicos para empujarnos fuera de todo el trabajo interesante, duro, que siento es lo que pasa la mayor parte del tiempo, intencionadamente o no. Pero aquí, no hay cultura ‘bro’ en el sitio en absoluto.”

Lemak levantó la vista mientras cortaba.

“No puede haber, porque hay demasiadas mujeres apasionadas aquí”, dijo entre risas.

Mirando al futuro

Maggie Lemak, Hyland y Ian Crowley, 21 años, todos de Stamps, esperan llevar lo que han aprendido en la clase de Trumpey y utilizarlo para construir estructuras naturales en Gabón, donde Lemak ha viajado para otro curso de la U-M dirigido por Trumpey, por un proyecto de tesis. El curso, EcoExplorers se centra en la construcción de proyectos de sostenibilidad que colaboran con los pueblos rurales en Gabón.

Construyendo edificio de balas de paja

“Nuestra clase con Joe nos introdujo a querer crear un edificio que pueda servir un propósito que no sea simplemente ser un edificio -que reúna a una comunidad, que es, creo, algo muy similar a lo que estamos haciendo aquí”.

Mark Paddock, director asociado retirado de la estación, conduce a menudo para ver el progreso de los estudiantes.

“Creo que es maravilloso, estoy muy emocionado”, dijo Paddock. “Me gusta la idea del edificio. Me gusta la idea de que es muy verde.”

Karie Slavik, directora asociada actual añadió: “Creo que es fabuloso. Me encanta ver a los estudiantes trabajar, son increíbles “, dijo. “Esa es la mejor parte de esto: observar a los estudiantes.”

El edificio está situado entre huertos de la BioStation y algunos campos de investigación. Este verano, Slavik espera que el edificio sea utilizado como un lugar de encuentro tanto para los científicos de todo el mundo que vienen a la estación durante el verano, así como por estudiantes medioambiente y literatura de los Grandes Lagos del profesor Keith Taylor.

“Está justo en el medio de la vivienda, las clases, el jardín y la investigación”, dijo Slavik. “Está en un buen lugar.”

Construyendo por siempre

Los estudiantes pasaron los últimos días de mayo trabajando después del atardecer para dar los toques finales al edificio. Las tablas talladas alinean los faldones del tejado. En el interior, los estudiantes tallaron un sol sobre las puertas francesas, el centro del sol teñido del mismo color que las plantas terracota.

Durante la última discusión del grupo, los estudiantes dijeron a Trumpey que el mes más duro, con más alegría y más arduamente trabajado de sus vidas.

El edificio ya casi listo después de varias semanas de trabajo.

“Yo seguía oyendo ellos diciendo: ‘Lo hicimos!”, dijo Trumpey. “Sólo estaban brillando.”

“Lo que hemos hecho aquí, que veintidós estudiantes, un instructor, y profesor -es ver a través de un proyecto de principio a fin. Hemos enseñado entre nosotros y transmitido el conocimiento de la forma más ecológica posible”, escribió el estudiante de PitE Rachel Beglin en sus reflexiones finales del blog de la clase. “Hemos pasado todos los días al aire libre, sacando callos y moretones. Hemos, en nuestra pequeña manera, restaurado la armonía entre nosotros y la Tierra, y honramos esa armonía de muchas maneras en este edificio y en nuestras vidas. La arena de la trinchera que excavamos en la primera semana ahora afirma nuestras paredes en esta última semana.”

Los estudiantes pueden haber llevado su proyecto a su fin, pero para muchos no será la última vez que vean el edificio.

“Es una oportunidad única en-la-vida,” dijo Will Horne, 20, de la escuela Ford. “¿Cuándo alguna vez tienes la oportunidad de construir algo como esto?”

“Es increíble poder dejar tu legado en un lugar que te gusta y disfrutas”, dijo Sondra Halperin, 21, de PitE.

“Vamos a ser capaces de traer nuestros hijos aquí,” dijo Lemak. “Somos parte de la historia.”

“No me quiero ir,” dijo Hyland.

“Yo sólo quiero estar aquí para siempre”, añadió Krysten Dorfman, 21, dePitE.

El equipo celebra el haber terminado el edificio de balas de paja