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El conflicto israelí-palestino es un síntoma roto pero reparable, segun un investigador de la U-M

08/11/2023

La guerra entre Israel y Hamás es un síntoma de un sistema disfuncional de las Naciones Unidas y su Consejo de Seguridad, según un investigador de la Universidad de Michigan, activista por la paz israelí y sobreviviente de un ataque anterior de Hamás.

Shimri Zameret

Shimri Zameret

“Este sistema de instituciones internacionales, leyes y normas internacionales que se crearon después de la Segunda Guerra Mundial no está funcionando”, dijo Shimri Zameret, quien enseña y lidera un proyecto de investigación sobre el conflicto palestino-israelí, la gobernanza global y la resistencia civil en el Centro de Derechos Humanos Donia del Instituto Internacional de la U-M.

“La mala noticia es que nuestro sistema internacional de posguerra se creó en 1945, y vivimos en un siglo diferente. Está fallando en abordar los problemas globales más apremiantes del siglo XXI: el cambio climático, las atrocidades masivas, las pandemias globales y las crisis financieras. La buena noticia es que podemos solucionarlo”.

Nacido en un kibutz de Israel, Zameret tiene familiares y amigos que sufren ataques diarios de misiles, lo que los obliga a refugiarse varias veces al día. Tiene colegas que fueron asesinados o secuestrados y se convirtieron en rehenes durante el ataque de Hamás el 7 de octubre.

“Es un momento devastador”, dijo. “Durante años, los activistas por la paz palestinos e israelíes decían que la situación en Gaza era insostenible y de la peor manera posible. Finalmente, esto se ha convertido en sentido común en todo el mundo. Esto convierte esta horrible crisis en una oportunidad de cambio, tanto a nivel local como internacional. Espero que la gente comience a ver la democracia internacional como una respuesta al conflicto palestino-israelí y otros conflictos”.

Zameret es un experto en el conflicto palestino-israelí y cómo afecta la gobernanza global y las instituciones internacionales como el Consejo de Seguridad, las Naciones Unidas y la Corte Penal Internacional. Durante los últimos 10 años, ha estudiado la estructura de la gobernanza global y las estrategias de cambio social utilizadas por la sociedad civil para cambiar esta estructura global.

El comparte ideas sobre el conflicto israelí-palestino, sus desafíos y el debate entorno si la paz es posible en el Medio Oriente.

¿Qué sugiere tu investigación como posible solución para el conflicto presente entre Israel y Palestina?

En dos palabras, la única respuesta a largo plazo es la democracia internacional. El conflicto debe entenderse como un síntoma del sistema de posguerra roto. Necesitamos crear mecanismos democráticos y el estado de derecho a nivel internacional. Necesitamos establecer un control democrático, una responsabilidad democrática y una aplicación de la ley democrática en las organizaciones internacionales, como el sistema de las Naciones Unidas.

Hace décadas, Martin Luther King abogó por una fuerza policial internacional, una agrupación de la soberanía de las naciones y la creación de una autoridad supranacional democrática. Siguiendo los pasos de Mahatma Gandhi, la sufragista Rosika Schwimmer, Albert Einstein y otros miembros del “Movimiento por un Mundo Unido”, King abogó por la democracia internacional. Gandhi dijo algo similar sobre la visión de un Mundo Unido: “Creo en un Mundo Unido… No me gustaría vivir en este mundo si no fuera para que sea un Mundo Unido”.

Siguiendo sus argumentos, necesitamos un sistema internacional más fuerte. Necesitamos una fuerza policial global, un sistema judicial internacional fuerte y democrático, una asamblea de ciudadanos globales permanente basada en la selección por sorteo y una asamblea parlamentaria de las Naciones Unidas. Necesitamos crear mecanismos democráticos que permitan a civiles comunes de todo el mundo controlar estas instituciones internacionales.

¿Cómo funcionaría la democracia internacional considerando el ambiente político actual?

La democracia es complicada, pero hay tres cosas que necesitamos en un sistema democrático mínimo. En primer lugar, eliminar lo que llamó la “dictadura del financiamiento”. Los países ricos controlan el sistema internacional: el Consejo de Seguridad y las operaciones de mantenimiento de la paz de la ONU, el Fondo Monetario Internacional, el Banco de Pagos Internacionales, el Banco Mundial y la Organización Mundial de la Salud, porque el modelo de financiamiento es condicional y voluntario, lo que significa que los países ricos (y a veces corporaciones o individuos ricos) otorgan dinero a estas organizaciones internacionales como una forma efectiva de controlar la política. Para ser independientes, las instituciones, como parte de un sistema democrático internacional, deben contar con financiamiento público independiente.

En segundo lugar, la dictadura del veto. En la era de la posguerra, el Consejo de Seguridad de la ONU tenía la tarea de mantener la paz internacional. Solo la ONU puede autorizar el uso legal de la fuerza armada y sancionar financieramente contra las amenazas a la paz internacional. Pero en el consejo, cinco países muy poderosos, EE. UU., China, el Reino Unido, Francia y Rusia, pueden vetar o bloquear cualquier decisión. Otras instituciones internacionales tienen mecanismos similares de poder de veto formales o informales. Necesitamos quitar este poder de veto a las cinco naciones y pasar a la regla de la mayoría.

La última cosa es la dictadura del ejecutivo. El hecho de que no haya parlamentarios significa que las minorías no están representadas en las instituciones internacionales. Solo los gobiernos tienen poder en las instituciones internacionales. La idea democrática de la “separación de poderes”, como judicial, ejecutivo y parlamentario, se trata de romper el poder político para proteger a los ciudadanos y crear controles y equilibrios. En el sistema de posguerra, los gobiernos, es decir, el poder ejecutivo, no tienen un control efectivo; nada pueden hacer para que rindan cuentas o equilibrarlos. Debemos recrear un mecanismo más robusto y democrático para las Naciones Unidas.

Tu investigación también menciona la fuerza de la resistencia civil al combatir conflictos globales como el conflicto israelí-palestino.

Sí. En el siglo pasado, movimientos como el de los derechos civiles de los Estados Unidos, un movimiento anticolonial y las revoluciones de colores en Europa del Este hicieron la transición de sistemas no democráticos a democráticos a nivel nacional utilizando lo que Gandhi llamó ‘resistencia civil’. Estos movimientos llevaron a las masas a las calles mediante acciones directas, como huelgas, sentadas en las oficinas de funcionarios electos, boicots económicos y el rechazo al servicio militar. Lo mismo es cierto para la democracia internacional: para que quienes están en el poder otorguen poder a los ciudadanos comunes, es necesario ejercer una fuerza no violenta. Vimos un ejemplo perfecto en Seattle en 1999 cuando los manifestantes y gobiernos del sur global cerraron la Organización Mundial del Comercio, lo que llevó a un cambio significativo en el sistema de comercio mundial.

Tenemos conflictos como el israelí-palestino porque tenemos una especie de dictadura global. La solución es tener una democracia internacional y democratizar el sistema global. La forma de llegar desde donde estamos hasta ese punto es utilizando la resistencia civil como estrategia.

Has estudiado conflictos globales durante varios años, pero el conflicto israelí-palestino también es muy personal. ¿Cómo estás lidiando con eso?

Personalmente, estoy bien, pero la sociedad israelí está pasando por una especie de conmoción similar al 11 de septiembre. El gobierno ha vuelto a ocupar partes de la Franja de Gaza por un futuro previsible y esto podría ser tan grave como la ocupación de Afganistán.
Fui parte de un movimiento de resistencia a la guerra cuando vivía en Israel a los 16 años. Teníamos entre 16 y 18 años y escribimos una carta al entonces primer ministro Ariel Sharon rechazando el reclutamiento. No queríamos convertirnos en soldados porque creíamos que lo que el gobierno estaba haciendo en los territorios ocupados era inmoral e ilegal. Nos enviaron a prisión y pasé 21 meses tras las rejas.

Shimri Zameret con familia.

Shimri Zameret con familia.

A los 21 años, comencé a trabajar para un miembro del Parlamento árabe israelí y fui apuñalado con un cuchillo y casi asesinado por un fundamentalista, probablemente un militante de Hamás o un militante judío; el atacante nunca fue capturado, así que no estamos seguros. Estaba claro que fui objetivo de alguien que no estaba de acuerdo con que un judío trabajara para un miembro del Parlamento árabe en la promoción de los derechos humanos. Así que sé de primera mano el precio de la guerra y la violencia y lo que está en juego.

A corto plazo, apoyo un alto el fuego inmediato. La percepción dominante de la justicia en las sociedades israelí y palestina es la de la venganza: ojo por ojo. Para cambiar este concepto de justicia, debemos proponer un mecanismo alternativo para aquellos que sienten que se les ha hecho una injusticia. Una alternativa a la violencia y la venganza y el principio del Estado de derecho puede lograrlo: la justicia puede llegar a través de tribunales internacionales, instituciones democráticas y la aplicación de los derechos humanos. La Corte Penal Internacional es un buen comienzo, donde los criminales de guerra de todos los lados de un conflicto pueden ser enjuiciados; el fiscal de la CPI está de hecho ahora en un viaje a Gaza. Pero eso no es suficiente; eventualmente, la solución es crear un sistema internacional en el que las leyes se creen y apliquen democráticamente.

Básicamente, necesitamos una solución en la que los niños y los seres humanos estén seguros en ambos lados de la frontera, en Israel y en todos los demás países. Si no están seguros en el otro lado de nuestra frontera, nosotros nunca estaremos seguros tampoco.

Escrito por Fernanda Pires de Michigan News, adaptado al español por Juan Ochoa de Michigan News.

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